"En su texto "La ilusión biográfica" Pierre Bourdieu, ha trazado el dilema: la propia vida es un cuento narrado por un idiota, lleno de ruido y furia, que carece de sentido. De ahí que sólo la ficción narrativa permita representar ante los demás el relato de una vida argumentalmente dotada de sentido"
Cita de Manuel Cruz, extraída de "Tiempo de narratividad (el sujeto entre la memoria y el proyecto". http://ddd.uab.cat/pub/analisi/02112175n25p23.pdf
"La identidad es ese particular revestimiento que los otros, los demás, conceden al individuo- y por el que lo convierten en sujeto- a través del mecanismo del reconocimiento. Es decir, que lo que el individuo se dice a sí mismo de sí mismo no es identidad porque no ha sido sancionado socialmente, colectivamente o por su grupo. Esa idea suele ser un relato que se resiste a la intersubjetividad y que más adelante propongo allegar a la ideología"
Del texto arriba mencionado.
Supongo que conoceis una anuncio reciente de la Obra Social de La Caixa en el que un profesional de un servicio de cuidados de enfermedades avanzadas (hablo de memoria porque reconozco que lo he visto un poco por encima) dice algo así como que en el momento de morir las personas no se encuentran tanto con la soledad como con la necesidad de hablar de lo que les está pasando.(véanse las palabras de Manuel Ayala antes de morir) Tal es el imperativo de estar constituidos en el lenguaje, que somos un "relato". Memoria, deseo, lenguaje. Eso es lo que somos. Y tal es así, que incluso en lo que nos parece como el momento más trascendental de la vida, el momento en que la abandonamos, lo que queremos, y estoy completamente segura de esta afirmación, es "contarlo", hablar de ello. Y ese lenguaje que somos, ese relato en el que configuramos nuestra identidad, necesita alguien que lo escuche, (escuchar no es acallar, como veremos otro día, porque de esto hay mucho que hablar). Aquel que esté a nuestro lado, que verdaderamente nos escuche, que atienda nuestro relato hasta el último momento es labor de toda una vida, o de un tiempo menor si hemos tardado en conseguirlo, no importa, cada minuto es una eternidad para el amor.
"... tales historias no constituyen un espejo del pasado, parafraseando a Rorty, sino una acción del sujeto narrador, una iniciativa que emprende para ir configurando la propia identidad.Por eso lo que hay que exigirle al relato en primer lugar es una adecuación al sujeto"..."No existe un solo relato verdadero"..."Recordamos de acuerdo con lo que esperamos"... "El desajuste tiene algo de esencial"..."La identidad es ese particular revestimiento que los otros, los demás, conceden al individuo-y por el que lo convierten en sujeto- a través del mecanismo del reconocimiento."..."No hay identidad sin memoria. La memoria representa el ejercicio de (auto) reconocimiento originario. Pone los materiales de la experiencia pasada al sevicio de la configuración de una identidad"... "Hay que estar a la altura de la memoria... tiene algo de ética"..."La presencia de los otros no se limita a la de ser mera caja de resonancia en el mecanismo del reconocimiento, testigos mudos de nuestra existencia o notarios de nuestra identidad. La capacidad de proporcionar fines tiene como territorio privilegiado a los demás"...
Tengo que confesar que cuando leí por primera vez las tesis de Manuel Cruz, en este u otro documento, ahora no recuerdo, probablemente en su libro "Narratividad: la nueva síntesis", sufrí un síncope emocional. Quizás porque ya estaba preparada para entenderlo, quizás porque ya había llegado a ese punto de partida necesario que él llama al inicio de su reflexión de "La perplejidad ante lo humano". Pero no es broma, tal emoción, que supongo era la consecuencia de una iluminación profundamente deseada, me producía incluso síntomas físicos de tipo taquicardias y otros desasosiegos. Creo incluso que estuvo asociado a algunas acciones de consecuencias muy liberadoras. Una conversión. El caso es que tenía que parar la lectura y dejarla para otro momento en que no fuese necesaria la concentración posterior para alguna tarea. Es una obviedad y de sobras sabido que cualquier cosa que diga Manuel Cruz a estas alturas de la película filosófica será deudora de los grandes filósofos que le precedieron, lo mismo que mis humildes entendederas, pero a mí, por lo que quiera que sea, una conmoción como la que sentí al leer este libro, no me la había producido antes nada ( si acaso el amor) por grande que hubiera sido el deleite e incluso mayor su aportación: los cimientos son lo fundamental, el adorno con que coronamos la construcción quizás solo sea imagen de la satisfacción. Pero ya sabemos, hay un tiempo para sembrar y otro para cosechar.
"Importa enfatizar especialmente ahora cómo el sujeto es un ser excedido por las fuerzas que le atraviesan. ... A lo que se pretende ir a parar es a que en el sujeto existe una profunda tensión esencial que queda muy pálidamente reflejada en los fines concretos que se va proponiendo." " Nietzsche decía que "cada uno alcanza la verdad que es capaz de soportar", y Jaspers distinguía entre verdad científica, que es demotrable, ahístórica y universal, y verdad filosófica, cuyo sentido es el de ser la verdad de la existencia de quien la profesa y la propone al mundo; es una verdad cuya fuerza emana del testimonio de quien la defiende. Algo parecido a esto último propongo recoger, bajo el rótulo veracidad." Sigue...
Estoy segura de que es fácil que algo o mucho de mí reconozcais en el documento de Manuel Cruz si lo leeis, vosotros que sois esos "otros" que configurais mi identidad ( como lo ha sido el filósofo) porque escuchais mi "relato", sois cómplices de mi "memoria", y alimentais mi "deseo". Vuelvo al principio, la calidad de una vida depende de la calidad del que nos escucha el relato, y de ninguna cosa más... ni menos. Continuará... Esdedesear.
"No me entristecía envejecer porque ponía la finalidad de mi vida no detrás de mí sino ante mí, no considerándome como una flor que se marchita sino como un fruto que se forma, y que los años que iban a venir no me alejarían de algo que intentaría encontrar." Marcel Proust
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martes, 17 de noviembre de 2009
lunes, 2 de noviembre de 2009
La verdad en el mar sin orilla.

"Esta mortal e intolerable verdad: que todo pensamiento profundo y severo no es sino el intrépido esfuerzo del alma por mantener la abierta independencia de su propio mar, mientras que los más furiosos vientos del cielo y de la tierra conspiran por arrastrarla hacia la orilla traidora y servil.
Pero solo en la soledad del mar sin orilla, reside la verdad más alta, tan inacotada e indefinida como el propio Hacedor: antes perecer en esta infinitud que ser arrastrado sin gloria a sotavento, incluso aunque la salvación resida en ello. Pues ¿quién quisiera, como un gusano, arrastrarse cobardemente hacia la tierra?
De "Mobby Dick", por Joseph Conrad.
Llevo un rato delante de la página intentando atacar las teclas del ordenador y, ciertamente, no sé que poner, aunque si sé lo que quiero deciros. Y no sé qué poner porque lo que quiero deciros ya está bellísimamente expresado en este fragmento de Conrad, así que no me queda más remedio que repetirlo: que mantener la independencia del propio mar exige un intrépido esfuerzo del alma, pues eso. Que las orillas, que los puertos, son las más de las veces cobardes refugios donde nos protegemos de los embates de los furiosos vientos, incluso de los no tan furiosos, pues eso. Que el espíritu, sometido ya ante la imagen de su propia traición claudica embotado y servil, pues eso. Porque solo en la soledad del mar sin orilla reside la verdad más alta. Pues eso.
Y si alguna orilla buscamos que sea la de la verdad propia que no puede consistir en otra cosa que en romper los barrotes visibles o invisibles que hipotecan nuestra libertad. "La ontología crítica de nosotros mismos debe de ser entendida no como teoría, ni como doctrina, ni tampoco como un cuerpo de conocimientos durables que va en aumento; debe ser concebida como una actitud, un ethos, una vida filosófica en la que la crítica de lo que somos sea al mismo tiempo análisis histórico de los límites que se nos imponen, y experimentación de la posibilidad de transgredirlos. " Este era el reto del filósofo Michel Foucault: no consiste tanto en intentar liberar al individuo del Estado, y de sus instituciones, cuanto liberanos a nosotros mismos del Estado y del tipo de individualización que este conlleva. Hemos de promover nuevas formas de subjetividad que se enfrenten y opongan al tipo de individualidad que nos ha sido impuesta durante muchos siglos."
Nos sentimos arrastrados por las fuerzas irracionales de nuestra vida social, que estimamos y desestimamos casi al unísono, y nadamos, las más de las veces a contracorriente, sin saber muy bien a qué puerto nos dirigimos, repitiendo destinos que entre la bruma marina concebimos como abrigos más seguros de lo que finalmente se nos demuestran. Esas fuerzas irracionales están íntimamente ligadas a poderes institucionalizados, socialmente aceptados y acatados, cuya genealogía desconocemos y que se nos presentan como una maraña insuperable. Siempre digo que lo importante es encontrar el cabo de lana con el que empezar a deshacer la madeja, un instrumento para mí imprescindible son los análisis sociológicos, en ese sentido, de pensadores como Nietzsche, Marcuse o Foucault, éste último autor de esta obra "Hermenéutica del sujeto", que ha sido y es fundamental en mi vida y del que os hablo muchas veces. Es un libro pequeño y de fácil lectura, pero de pensamiento profundo y severo que puede ayudarnos a luchar por la independencia del propio mar", con una estupenda introducción además de Fernando Álvarez-Uría. Esdedesear.
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