"¡Qué tontería hablar de lo que se ama! ¿Qué se puede ganar? El placer de conmoverse uno mismo un instante por el reflejo de la emoción de los otros. Pero un tonto, picado por vernos hablar solos, puede inventar una chanza que enturbie nuestros recuerdos. De ahí, tal vez, este pudor de la verdadera pasión que las almas comunes olvidan imitar cuando representan la pasión."
(...)
"No es un gran mérito haber estado seis veces en Roma. Me atrevo a mencionar este pequeño detalle porque tal vez me valga un poco de confianza de parte del lector.
El autor de este itinerario tiene una gran desventaja; le parece que nada o casi nada merece ser comentado con seriedad. El siglo XIX piensa todo lo contrario y tiene sus razones. Requiriendo las opiniones de una serie de buenas personas que no han tenido el tiempo de formarse una opinión, pone a todo hablante en la necesidad de adoptar un aire grave que se impone al vulgo y que los prudentes perdonan, dada la necesidad de los tiempos."
(...)
"Roma, 17 de agosto de 1827. ¡Cuántas mañanas felices he pasado en el Coliseo, perdido en algún rincón de esas ruinas inmensas.! Desde los pisos superiores se ve abajo, en la arena, los galeotes del Papa trabajar y cantar. El ruido de sus cadenas se mezcla con el canto de los pájaros, tranquilos habitantes del Coliseo. Levantan el vuelo a centenares cuando uno se acerca a las malezas que cubren los asientos más altos donde se situaba antes el pueblo rey. El gorjeo apacible de los pájaros, que resuena débilmente en ese vasto edificio y, de vez en cuando, el profundo silencio que le sucede, ayudan sin duda a que la imaginación vuele hacia los tiempos antiguos. Se alcanzan los goces más intensos que la memoria pueda procurar.
Esta ensoñación, que yo alabo al lector y que tal vez le parezca ridícula,
"C'est le sombre plaisir d'un coeur mélancolique.
(Es el placer sombrío de un corazón melancólico)
La Fontaine
Es imposible para la primera juventud, tan loca de esperanzas. Si, más feliz que los estudiantes de finales del siglo pasado, el lector no ha aprendido penosamente el latín en su primera infancia, su alma estará tal vez menos preocupada por los romanos y lo que hicieron sobre la Tierra. Para nosotros, que hemos traducido durante años fragmentos de Tito Livio y de Floro, su recuerdo precede a toda experiencia; Floro y Tito Livio nos han narrado batallas célebres ¡y qué idea no se hace uno de una batalla a los ocho años! Entonces la imaginación es fantástica y las imágenes que dibuja inmensas. Ninguna experiencia fría puede rebajar sus contornos.
Después de las imaginaciones de la primera infancia, no he hallado sensación análoga, por su inmensidad y su tenacidad, que triunfe sobre todos los otros recuerdos más que en los poemas de lord Byron. Como se lo decía un día en Venecia, citando el Giaour, él me respondió: Por eso ve allí líneas de puntos. En el momento en que la experiencia de los tiempos razonables de la vida puede atacar una de mis imágenes, la abandono, no quiero que el lector encuentre en mí las mismas sensaciones que en la Bolsa...
...Esta ensoñación de Roma, que nos parece tan dulce y nos hace olvidar todos los intereses de la vida activa, la encontramos igualmente en el Coliseo o en San Pedro, según las diposición de nuestros espíritus. Para mi, cuando estoy sumergido en estas ensoñaciones, hay días en los que si me anunciaran que soy el rey de la Tierra, no me dignaría levantarme para ir a gozar del trono; lo postergaría para otro momento."
De "Paseos por Roma.I". Por Stendhal.
Estas palabras entusiastas y llenas de humildad del viajero Stendhal se encuentran en las primeras páginas del libro que os quiero comentar. Ya dije en alguna ocasión que la mayor dificultad para escribir la encuentro yo, dejando a un lado la escasa calidad de mi prosa o la baja cantidad de mis ocurrencias, en hacerlo llevando a cabo un proceso de "memoria y olvido", (expresión atribuible a Borges, me parece pero no lo sé con certeza). Cualquier sensación, reflexión o racionalización que lleve a cabo siempre ha sido plasmada anteriormente por alguien admirable admirablemente, valga la refinfoncia, lo que conlleva simultáneamente el placer de ver bellamente autorizadas tus deducciones y por otra parte una nueva confirmación de que podrías estar muy bien calladita porque ninguna falta hacen tus escuálidas aportaciones a este mundo apasionante, en el que el mayor de los placeres se alcanza siendo lector mucho antes que escritor.
La aplastante sentencia que contiene el primer fragmento es la imagen prístina de un meláncolico sentimiento que me embarga cada vez que me enfrento a la "página en blanco", porque ese es el único motivo por el que empecé este blog y el único que me mantiene: el placer de hablar de lo que se ama y la confrontación constante con ese mismo interrogante que se plantea Stendhal.
No hay una forma más bella de planificar un viaje, a mi entender, que pasar un tiempo disfrutando de la narración de alguien que generosamente haya puesto a nuestra disposición sus apreciaciones, emociones, opiniones, sensibilidad y sabiduría, que en este caso se unen a la amena conversación, que es el estilo que el grandísimo escritor imprime a su guía. Esa es la enorme recompensa de la literatura, en cualquiera de sus manifestaciones, que aún cuando "nada o casi nada merece ser comentado con seriedad" se reviste del inmenso poder de preservar para nosotros y en nosotros un estadio de nuestra vida en el que se fraguó toda esperanza de la felicidad posible: la infancia, "después de las imaginaciones de la primera infancia no he hallado sensación análoga, por su inmensidad y su tenacidad, que triunfe sobre los otros recuerdos..." para Stendhal lo hacían los poemas de Lord Byron, para nosotros puede ser su "El Rojo y el Negro", "La Cartuja de Parma", etc. o estos deliciosos, e impresionantes a la vez por la cantidad de minuciosa información en todos los aspectos, artísticos sobre todo pero también domésticos, anecdóticos y personales, recuerdos de sus Paseos por Roma. Porque esdedesear.
"No me entristecía envejecer porque ponía la finalidad de mi vida no detrás de mí sino ante mí, no considerándome como una flor que se marchita sino como un fruto que se forma, y que los años que iban a venir no me alejarían de algo que intentaría encontrar." Marcel Proust
martes, 2 de marzo de 2010
jueves, 18 de febrero de 2010
Somos Grecia
"Los caballos que me llevan consigo cum-
plen, al hacerlo, toda la plenitud
de mi deseo,
pues no hay duda que son ellos, mis
verdaderos guías, los que me condujeron
por la famosísima ruta
de la diosa, que encamina al hombre en
posesión de las luces del saber a través
de todas las ciudades,
Por esta ruta me veía llevado, y, cierta-
mente, los caballos a cuyo impulso
marchaba eran muy diestros,
ya que tiraban del carro y permitían a la
vez que jóvenes doncellas nos mostra-
sen el camino.
El eje se desplazaba sobre el buje de las
ruedas, haciéndolo enrojecer con un
agudo chirrido
-dos círculos torneados lo empujaban
velozmente a uno y otro extremo-,
cuando ya nuestra carrera hacia la luz
era espoleada
por las jóvenes hijas del sol que, habien-
do abandonado la mansión de la Noche
recogían con sus manos los velos que
cubrían sus cabezas
Allí se encuentran las puertas que guar-
dan los caminos de la Noche y el Día
un dintel y un umbral de piedra las
mantienen separadas
en tanto ellas mismas, allá, en la pureza
del eter, se materializan en dos gran-
des jambas.
En poder de la severa Justicia se hallan
las llaves compensatorias;
y he aquí que las jóvenes doncellas le
dirigen palabras melifluas
persuadiéndola solícitamente de que
descorra en un vuelo los cerrojos que
sujetan las puertas. En ellas, en efecto,
produjeron una gran abertura tras su
rápido ascenso por los aires,
haciendo girar alternativamente sobre sus
goznes las ricas jambas de cobre,
sembradas aquí y allá de clavos y de
broches. Así, pues, a través de éstas
las jóvenes doncellas llevaron rectamente
por el arduo camino el carro y los caballos.
Y la diosa me recibió con benevolencia,
tomó mi mano derecha
entre las suyas y, dirigéndose a mí, me
habló de esta manera:
¡Oh, joven, compañero de las inmortales
conductoras!,
Bienvenido seas, tú, que llegas a nues-
tra mansión con los caballos que te
traen;
pues no es un hado infausto el que te
movió a recorrer
este camino- bien alejado por cierto de
la ruta trillada por los hombres-
sino la ley divina y la justicia. Es
necesario que conozcas toda mi revela-
ción,
y que se halle a tu alcance el intrépido
corazón de la Verdad, de hermoso
cerco,
tanto como las opiniones de los morta-
les, que no encierran creencia verda-
dera.
No obstante, a ti te será dado aprender
todo esto, y cómo las apariencias
tendrían que aparecerse para siempre
como la realidad total.
De "Sobre la naturaleza". El Poema de Parménides.
En el siglo V aC, Parménides, escribió este bellísimo poema alegórico, (esta es la primera parte nada más)con el que se dice que se inaugura una nueva mentalidad, la de comenzar a valorar el esfuerzo que el hombre debe hacer de indagación racional y los límites de sus posibilidades para llegar a conocer el mundo, el ser, la Verdad. En resumidas cuentas, en una palabra, el esfuerzo filosófico, que no cabe atribuirle a la dedicación de unos hombres en concreto, sino al viajero que emprende, acuciado por el deseo, un viaje hacia la luz, descubriéndose a sí mismo en sus carencias ante los misterios del pensar y del ser.
No voy a comentar nada sobre el poema, Nietzche y Heidegger lo consideraban como la expresión del pensamiento en sus orígenes, "el modo griego de pensar", nuestro pensar inicial al que nos conminan a volver para "desocultar", para "comprender", para "desvelar", y el interés por una interpretación del mismo debe llevarnos a la lectura de estos dos grandes filósofos, a Platón por supuesto, u otros especialistas cualesquiera. Si lo traigo aquí es exclusivamente por una cuestión afectiva, mística. De cuando en cuando vuelven a resonar en mi cabeza la fuerza de sus palabras misteriosas, y me gusta volver a reencontrarme con él. De regreso en Filiel estos días, en el silencio de sus caminos, en la contemplación de la belleza de sus paisajes nevados, ha vuelto a mí como las únicas palabras posibles, en mi pensamiento, en la completa identidad del pensar y el ser. De nuevo en Coruña, ante la situación desesperada de Grecia, quiero reivindicarla como cuna nuestra que es, la cuna además de la política y de la democracia. Que hallen la solución como hicieron tantas veces sus antepasados. Esdedesear.
Continuará...
plen, al hacerlo, toda la plenitud
de mi deseo,
pues no hay duda que son ellos, mis
verdaderos guías, los que me condujeron
por la famosísima ruta
de la diosa, que encamina al hombre en
posesión de las luces del saber a través
de todas las ciudades,
Por esta ruta me veía llevado, y, cierta-
mente, los caballos a cuyo impulso
marchaba eran muy diestros,
ya que tiraban del carro y permitían a la
vez que jóvenes doncellas nos mostra-
sen el camino.
El eje se desplazaba sobre el buje de las
ruedas, haciéndolo enrojecer con un
agudo chirrido
-dos círculos torneados lo empujaban
velozmente a uno y otro extremo-,
cuando ya nuestra carrera hacia la luz
era espoleada
por las jóvenes hijas del sol que, habien-
do abandonado la mansión de la Noche
recogían con sus manos los velos que
cubrían sus cabezas
Allí se encuentran las puertas que guar-
dan los caminos de la Noche y el Día
un dintel y un umbral de piedra las
mantienen separadas
en tanto ellas mismas, allá, en la pureza
del eter, se materializan en dos gran-
des jambas.
En poder de la severa Justicia se hallan
las llaves compensatorias;
y he aquí que las jóvenes doncellas le
dirigen palabras melifluas
persuadiéndola solícitamente de que
descorra en un vuelo los cerrojos que
sujetan las puertas. En ellas, en efecto,
produjeron una gran abertura tras su
rápido ascenso por los aires,
haciendo girar alternativamente sobre sus
goznes las ricas jambas de cobre,
sembradas aquí y allá de clavos y de
broches. Así, pues, a través de éstas
las jóvenes doncellas llevaron rectamente
por el arduo camino el carro y los caballos.
Y la diosa me recibió con benevolencia,
tomó mi mano derecha
entre las suyas y, dirigéndose a mí, me
habló de esta manera:
¡Oh, joven, compañero de las inmortales
conductoras!,
Bienvenido seas, tú, que llegas a nues-
tra mansión con los caballos que te
traen;
pues no es un hado infausto el que te
movió a recorrer
este camino- bien alejado por cierto de
la ruta trillada por los hombres-
sino la ley divina y la justicia. Es
necesario que conozcas toda mi revela-
ción,
y que se halle a tu alcance el intrépido
corazón de la Verdad, de hermoso
cerco,
tanto como las opiniones de los morta-
les, que no encierran creencia verda-
dera.
No obstante, a ti te será dado aprender
todo esto, y cómo las apariencias
tendrían que aparecerse para siempre
como la realidad total.
De "Sobre la naturaleza". El Poema de Parménides.
En el siglo V aC, Parménides, escribió este bellísimo poema alegórico, (esta es la primera parte nada más)con el que se dice que se inaugura una nueva mentalidad, la de comenzar a valorar el esfuerzo que el hombre debe hacer de indagación racional y los límites de sus posibilidades para llegar a conocer el mundo, el ser, la Verdad. En resumidas cuentas, en una palabra, el esfuerzo filosófico, que no cabe atribuirle a la dedicación de unos hombres en concreto, sino al viajero que emprende, acuciado por el deseo, un viaje hacia la luz, descubriéndose a sí mismo en sus carencias ante los misterios del pensar y del ser.
No voy a comentar nada sobre el poema, Nietzche y Heidegger lo consideraban como la expresión del pensamiento en sus orígenes, "el modo griego de pensar", nuestro pensar inicial al que nos conminan a volver para "desocultar", para "comprender", para "desvelar", y el interés por una interpretación del mismo debe llevarnos a la lectura de estos dos grandes filósofos, a Platón por supuesto, u otros especialistas cualesquiera. Si lo traigo aquí es exclusivamente por una cuestión afectiva, mística. De cuando en cuando vuelven a resonar en mi cabeza la fuerza de sus palabras misteriosas, y me gusta volver a reencontrarme con él. De regreso en Filiel estos días, en el silencio de sus caminos, en la contemplación de la belleza de sus paisajes nevados, ha vuelto a mí como las únicas palabras posibles, en mi pensamiento, en la completa identidad del pensar y el ser. De nuevo en Coruña, ante la situación desesperada de Grecia, quiero reivindicarla como cuna nuestra que es, la cuna además de la política y de la democracia. Que hallen la solución como hicieron tantas veces sus antepasados. Esdedesear.
Continuará...
lunes, 8 de febrero de 2010
Alma obtusa, lenguaje empobrecido.

"Toda relación entre los hombres se basa sobre el hecho de que uno puede leer en el alma del otro; y el lenguaje común es la expresión en sonidos de un alma común. Cuanto más íntima y delicada es esa relación, tanto más rico se hace el lenguaje; como aquel que crece con esa alma general o-se marchita. Hablar es, en el fondo, preguntar a otro hombre si él tiene la misma alma que yo; las frases más antiguas me parecen frases interrogativas, y en el acento barrunto yo el eco de ese antiquísimo preguntarse del alma a sí misma. ¿Te reconoces a ti mismo?-este sentimiento acompaña a cada frase del hablante; él intenta un monólogo y un diálogo consigo mismo. Cuanto menos se reconoce, tanto más enmudece, y en esta forzada mudez su alma se hace más pobre y más pequeña. Si se pudiese obligar a los hombres a callar de ahora en adelante, se podría entonces retroceder para transformarlos en caballos, focas y vacas; pues uno ve en estos seres lo que significa no poder hablar; o sea, esto equivale a tener un alma obtusa.
Así pues de hecho muchos hombres, y de vez en cuando los hombres durante épocas enteras, tienen algo en sí de vacas: su alma se repliega sobre sí misma obscura e inerte. Ellos pueden saltar y pacer y mirarse fijamente, lo que tienen en común es sólo un mísero residuo del alma. Consecuentemente, su lenguaje debe estar empobrecido o ser mecánico. Pues no es verdad que la necesidad produzca el lenguaje, la necesidad del individuo; sino a lo sumo la necesidad de todo un rebaño, de una tribu, pero para que esta necesidad sea sentida como algo común, el alma debe ya haber llegado a ser algo más que el individuo, debe viajar, querer encontrarse de nuevo, ante todo querer hablar, antes de que hable; y esta voluntad no es individual. Si nos imaginamos un ser mitológico primordial, con cien cabezas, pues y manos, como la forma del hombre primitivo: entonces ese ser hablaría consigo mismo; y sólo cuando notase que podía hablar consigo mismo como con un segundo, tercero, o incluso con cientos de seres, se escindiría en su partes, los individuos, porque sabría que no podría perder completamente su unidad; pues esta unidad no se encuentra en el espacio, como la multitud de estos cientos de hombres; sino que cuando éstos hablan se siente el monstruo mitológico de nuevo completo y uno"
De "Fragmentos Póstumos" (1869-1874) por Friedrich Nietzsche.
Estoy leyendo lo que se considera obra póstuma de Nietzsche, material que, si bien no fue utilizado en su mayor parte por él para sus publicaciones, sí se considera significativo y de total relevancia como fundamento de sus más importantes doctrinas, como la del eterno retorno, la voluntad de poder, etc, o para la clarificación de la gestación o génesis de sus teorías. En fin, es una obra extensa y apasionante, sobre todo para los especialistas, Sloterdijk la considera una de las más recomendables de la historia, pero además en la edición que yo estoy leyendo, se incluye una estupenda introducción general de Diego Sánchez Meca que tiene valor por sí misma, me ha permitido una pasada rápida recreando el fabuloso pensamiento niezscheano de un pequeño tirón, lo cual es muy de agradecer porque supone un placer express, a pesar de que, como sabemos, no hay placer mayor que el de leer a los grandes pensadores directamente. Y dice así al iniciar esta introducción :
" I. Por qué somos todavía nihilistas.
Un tema reiterativo en el conjunto de los textos de Nietzsche es el de la búsqueda de las condiciones necesarias para hacer posible un tipo de hombre capaz de transformar, en sentido positivo, la situación social, psicológica y cultural en la que vive el europeo contemporáneo. Una de estas condiciones, tal vez la más importante, es la del cambio que debería producirse en la actitud que este europeo mantiene en relación con su cuerpo, tradicionalmente reprimido y anatematizado por la moral vigente; un cambio en el sentido de integrar los impulsos que funcionen en nosotros como fuentes de nuestra energía positiva. Para Nietzsche, de un hombre desnaturalizado, debilitado enfermo, interiormente fragmentado y en permanente conflicto consigo mismo no puede brotar más que una acción y unos productos culturales nihilistas, o sea, impregnados de resentimiento, de miedo y de espíritu de venganza. Por eso, esta condición depende, en último término, de esa otra, más fundamental que es la de transformar la cultura occidental ya la que Nietzsche se refiere cuando habla de transvaloración o inversión de los valores como modo de superar el nihilismo."
No cabe duda que la herencia del pensamiento nietzscheano, sobre todo la que deriva de la proclamación o constatación de "la muerte de Dios" supuso un enorme cambio de los valores arraigados en la sociedad y una liberación frente a la radicalidad de la moral establecida por las religiones imperantes (aprovecho para recomendar encarecidamente la película "La cinta blanca", magistral reflexión en ese sentido y entretenidísima trama), pero es ingenuo creer que esa cota alcanzada de libertad haya supuesto algo más que la liberalización superficial de los fines, más que de los valores, tanto en el campo del conocimiento, de las costumbres o del sexo, por ejemplo. La represión, aunque creamos lo contrario,no ha sido tan levantada y discurre por otros o los mismos cauces, en múltiples máscaras. Por eso seguimos en el nihilismo, porque la renovación supone algo más allá que un cambio de imagen inscrita en la vorágine de las modas colectivas, supone un "querer encontrarse de nuevo", un "querer hablar consigo mismo" para poder hablar después con los otros sin riego de "perder la unidad" tan deseada. Constituirnos en nuestra autoridad, muerto Dios, asumiendo que la verdad a conseguir quizás no sea tan trascendente pero será el único referente posible y fiable, una respuesta personal a lo que verdaderamente tiene valor para la vida. La filosofía de Schopenhauer supuso para Nietzsche un cambio de óptica, para mi también lo fue. Pero hay muchas posibilidades, lo importante es frecuentarlas. "En ellos el alma universal hablaba consimo misma". Esdedesear.
martes, 2 de febrero de 2010
Cómplices
FERNANDO SAVATER
Urbanidad... y algo más
FERNANDO SAVATER 02/02/2010
"Respecto a la semi-abortada asignatura de Educación para la Ciudadanía hay diversos equívocos, algunos malintencionados (los que pretenden que es un lavado de cerebro manipulado por la malvada progresía) y otros ingenuos, como el que la supone una serie de normas de urbanidad para el comportamiento cívico. Este último malentendido ya no me parece tan grave como antes. Incluso empiezo a pensar que apunta hacia algo que también es necesario reforzar en nuestra España, donde los malos modos se confunden con la campechanía... como ya denunció Larra hace casi dos siglos.
Los miramientos en el trato no son remilgos sino una exigencia de la convivencia civilizada
Los miramientos en el trato y la cortesía no son remilgos superfluos sino una exigencia de la convivencia civilizada. No sólo constituyen una muestra de respeto al prójimo sino, en ciertos casos, la señal de que se valora la dignidad institucional del puesto público que se ocupa. En una de sus crónicas londinenses Julio Camba asegura que cuando un viandante pide alguna información a un bobby, el funcionario contesta puntualmente con la mirada perdida en la lejanía: "no le responde a uno, sino a la sociedad". Esta observación humorística del gran periodista gallego encierra también una lección. Ciertas funciones implican una austera impersonalidad, que no es rígida altanería sino la debida formalidad de quien se sabe de servicio. Lo familiar y jocoso por parte de quienes encarnan el poder legal democráticamente concedido puede ser a veces un atropello.
De modo que no comparto la satisfecha sonrisa con que algunos han recibido el desparpajo "a la pata la llana" de la juez Ángela Murillo, presidenta del tribunal que juzga a Arnaldo Otegi por enaltecimiento del terrorismo. "Por mí como si quiere beber vino", "ya sabía yo que iba a responder eso", "la Sala no ha entendido ni papa", etcétera, já, já, me muero de la risa. Estos modales ya le han granjeado un club de fans en Internet, donde cualquier grosería o insensatez logra de inmediato sufragio positivo. Y la derechona la ha proclamado heroína "feminista" por ser más chula que Otegi. Con la diferencia de que Otegi es chulo por su cuenta y riesgo, mientras que otras chulerías lo son a costa de la magistratura que ejercen.
Algunos se frotan las manos: "¡va a darle su merecido a Otegi!". En efecto, ése es el papel de un tribunal de justicia: dar al acusado su merecido. Es decir, lo que merece de acuerdo a la ley, tanto sea un castigo penal como la libre absolución. Aunque él mismo no lo entienda así (y por lo visto tampoco otros), Arnaldo Otegi es un ciudadano español con derechos y garantías idénticas a las que tenemos ustedes o yo. Entre ellas está la de ser juzgado de lo que se le acusa de modo imparcial. No dudo que la señora Murillo sea todo lo imparcial que requiere su cargo, pero me atrevo a recordarle que también debe parecerlo. Y cierto retintín populachero o irónico puede hacer que ya no lo parezca. A ver si ahora resulta que la dignidad del tribunal no es compatible con lucir hiyab pero sí con los modales tabernarios...
La urbanidad no es hacer zalemas, sino comportarse de acuerdo a la conveniencia de dónde en cada caso se está. Y si se ejerce autoridad o se representa a una institución que decide sobre la vida de los ciudadanos, es particularmente necesaria. No le vendrá mal a la desenvuelta magistrada un repaso del libro Ejemplaridad pública (ed Taurus), de Javier Gomá."
Publicado en El País.
El artículo de Savater, cuyas palabras suscribo en su totalidad, me sirve para canalizar, con urbanidad, los sentimientos de indignación que tengo desde que conozco la retahila de estupideces y agravios que salen de la boca de una política de alta cuna y baja estofa, presidenta de una institución que representa a los ciudadanos de la capital del país que no se la merecen (o muchos sí, que es peor)y desgraciada compatriota de todos nosotros. Compatriota por casualidad, por nacimiento azaroso, porque estoy segura de que no lo es por dignidad y buen gobierno, que es lo que se espera de los políticos profesionales en los que confiamos y a los cuales pagamos en un contrato social bastante olvidado por algunas ideologías.
Me avergüenzo de tener unos representantes de esta calaña, en todas las instituciones, y no olvidemos que detrás de su lenguaje está su catadura moral, su concepción de la "res pública" y de la responsabilidad de sus cargos. Pero lo que más me indigna es este estado de anestesia en el que se encuentra la ciudadanía, la intelectualidad, los medios de comunicación, los sindicatos, la sociedad en general, que por desgracia, incluye a los jóvenes, naturales revolucionarios y depositarios de los ideales que cambian los rumbos de los países. Éstos, seguramente expiando la culpa de los desmanes paternos, sacrifican sus vidas en formaciones que se eternizan, trabajos precarios y alienantes, o esforzados voluntariados con los que parchean las infumables políticas gubernamentales. Todos somos cómplices de este despropósito. ¿Por qué?
Urbanidad... y algo más
FERNANDO SAVATER 02/02/2010
"Respecto a la semi-abortada asignatura de Educación para la Ciudadanía hay diversos equívocos, algunos malintencionados (los que pretenden que es un lavado de cerebro manipulado por la malvada progresía) y otros ingenuos, como el que la supone una serie de normas de urbanidad para el comportamiento cívico. Este último malentendido ya no me parece tan grave como antes. Incluso empiezo a pensar que apunta hacia algo que también es necesario reforzar en nuestra España, donde los malos modos se confunden con la campechanía... como ya denunció Larra hace casi dos siglos.
Los miramientos en el trato no son remilgos sino una exigencia de la convivencia civilizada
Los miramientos en el trato y la cortesía no son remilgos superfluos sino una exigencia de la convivencia civilizada. No sólo constituyen una muestra de respeto al prójimo sino, en ciertos casos, la señal de que se valora la dignidad institucional del puesto público que se ocupa. En una de sus crónicas londinenses Julio Camba asegura que cuando un viandante pide alguna información a un bobby, el funcionario contesta puntualmente con la mirada perdida en la lejanía: "no le responde a uno, sino a la sociedad". Esta observación humorística del gran periodista gallego encierra también una lección. Ciertas funciones implican una austera impersonalidad, que no es rígida altanería sino la debida formalidad de quien se sabe de servicio. Lo familiar y jocoso por parte de quienes encarnan el poder legal democráticamente concedido puede ser a veces un atropello.
De modo que no comparto la satisfecha sonrisa con que algunos han recibido el desparpajo "a la pata la llana" de la juez Ángela Murillo, presidenta del tribunal que juzga a Arnaldo Otegi por enaltecimiento del terrorismo. "Por mí como si quiere beber vino", "ya sabía yo que iba a responder eso", "la Sala no ha entendido ni papa", etcétera, já, já, me muero de la risa. Estos modales ya le han granjeado un club de fans en Internet, donde cualquier grosería o insensatez logra de inmediato sufragio positivo. Y la derechona la ha proclamado heroína "feminista" por ser más chula que Otegi. Con la diferencia de que Otegi es chulo por su cuenta y riesgo, mientras que otras chulerías lo son a costa de la magistratura que ejercen.
Algunos se frotan las manos: "¡va a darle su merecido a Otegi!". En efecto, ése es el papel de un tribunal de justicia: dar al acusado su merecido. Es decir, lo que merece de acuerdo a la ley, tanto sea un castigo penal como la libre absolución. Aunque él mismo no lo entienda así (y por lo visto tampoco otros), Arnaldo Otegi es un ciudadano español con derechos y garantías idénticas a las que tenemos ustedes o yo. Entre ellas está la de ser juzgado de lo que se le acusa de modo imparcial. No dudo que la señora Murillo sea todo lo imparcial que requiere su cargo, pero me atrevo a recordarle que también debe parecerlo. Y cierto retintín populachero o irónico puede hacer que ya no lo parezca. A ver si ahora resulta que la dignidad del tribunal no es compatible con lucir hiyab pero sí con los modales tabernarios...
La urbanidad no es hacer zalemas, sino comportarse de acuerdo a la conveniencia de dónde en cada caso se está. Y si se ejerce autoridad o se representa a una institución que decide sobre la vida de los ciudadanos, es particularmente necesaria. No le vendrá mal a la desenvuelta magistrada un repaso del libro Ejemplaridad pública (ed Taurus), de Javier Gomá."
Publicado en El País.
El artículo de Savater, cuyas palabras suscribo en su totalidad, me sirve para canalizar, con urbanidad, los sentimientos de indignación que tengo desde que conozco la retahila de estupideces y agravios que salen de la boca de una política de alta cuna y baja estofa, presidenta de una institución que representa a los ciudadanos de la capital del país que no se la merecen (o muchos sí, que es peor)y desgraciada compatriota de todos nosotros. Compatriota por casualidad, por nacimiento azaroso, porque estoy segura de que no lo es por dignidad y buen gobierno, que es lo que se espera de los políticos profesionales en los que confiamos y a los cuales pagamos en un contrato social bastante olvidado por algunas ideologías.
Me avergüenzo de tener unos representantes de esta calaña, en todas las instituciones, y no olvidemos que detrás de su lenguaje está su catadura moral, su concepción de la "res pública" y de la responsabilidad de sus cargos. Pero lo que más me indigna es este estado de anestesia en el que se encuentra la ciudadanía, la intelectualidad, los medios de comunicación, los sindicatos, la sociedad en general, que por desgracia, incluye a los jóvenes, naturales revolucionarios y depositarios de los ideales que cambian los rumbos de los países. Éstos, seguramente expiando la culpa de los desmanes paternos, sacrifican sus vidas en formaciones que se eternizan, trabajos precarios y alienantes, o esforzados voluntariados con los que parchean las infumables políticas gubernamentales. Todos somos cómplices de este despropósito. ¿Por qué?
lunes, 25 de enero de 2010
Catástrofes antinaturales
"Sostiene Pereira que le conoció un día de verano. Una magnífica jornada veraniega, soleada y aireada, y Lisboa resplandecía. Parece que Pereira se hallaba en la redacción, sin saber qué hacer, el director estaba de vacaciones, él se encontraba en el aprieto de organizar la página cultural, porque el Lisboa contaba ya con una página cultural, y se la habían encomendado a él. Y, él, Pereira, reflexionaba sobre la muerte. En aquel hermoso día de verano, con aquella brisa atlántica que acariciaba las copas de los árboles y un sol resplandeciente, y con una ciudad que refulgía, que literalmente refulgía bajo su ventana, y un azul, un azul nunca visto, sostiene Pereira, de una nitidez que casi hería los ojos, él se puso a pensar en la muerte. ¿Por qué?. Eso, a Pereira, le resulta imposible decirlo. Sería porque su padre, cuando él era pequeño, tenía una agencia de pompas fúnebres que se llamaba Pereira La Dolorosa, sería porque su mujer había muerto de una tisis unos años antes, sería porque él estaba gordo, sufría del corazón, tenía la presión alta, y el médico le había dicho que de seguir así no duraría mucho, pero el hecho es que Pereira se puso a pensar en la muerte, sostiene. Y por casualidad, por pura casualidad, se puso a hojear una revista. Era una revista literaria pero que tenía una sección de filosofía. Una revista de vanguardia quizá, de eso Pereira no está seguro, pero que contaba con muchos colaboradores católicos.Y Pereira era católico, o al menos en aquel momento se sentía católico, un buen católico, pero en una cosa no conseguía creer, en la resurrección de la carne. En el alma, sí, claro, porque estaba seguro de poseer un alma, pero toda su carne, aquella chicha que circundaba su alma, pues bien, eso no, eso no volvería a renacer, y además ¿para qué?, se preguntaba Pereira. Todo aquel sebo que le acompañaba cotidianamente, el sudor, el jadeo al subir las escaleras, ¿para que iban a renacer?. No, no quería nada de aquello en la otra vida, para toda la eternidad, Pereira, y no quería creer en la resurrección de la carne. Así que se puso a hojear aquella revista, con indolencia, porque se estaba aburriendo, sostiene, y encontró un artículo que decía: " La siguiente reflexión acerca de la muerte procede de una tesina leída el mes pasado en la Universidad de Lisboa. Su autor Francesco Monteiro Rossi, que se ha licenciado en filosofía con las más altas calificaciones; se trata únicamente de un fragmento de su ensayo, aunque quizá colabore nuevamente con nosotros."
Sostiene Pereira que al principio se puso a leer distraídamente el artículo, que no tenía título, después maquinalmente, volvió hacia atrás y copió un trozo. ¿Por qué lo hizo? Eso Pereira no está en condiciones de decirlo. Tal vez porque aquella revista de vanguardia católica le contrariaba, tal vez porque aquel día se sentía harto de vanguardias y de catolicismo, aunque él fuera profundamente católico, o tal vez porque en aquel momento, en aquel verano refulgente sobre Lisboa, con toda aquella mole que soportaba encima, detestaba la idea de la resurrección de la carne, pero el caso es que se puso a copia el artículo, quizá para poder tirar la revista a la papelera.
Sostiene que no lo copió todo, copió sólo algunas líneas, que son las siguientes y que puede aportar a la documentación: "La relación que caracteriza de una manera más profunda y general el sentido de nuestro ser es la que una la vida con la muerte, porque la limitación de nuestra existencia por la muerte es decisiva para la comprensión y valoración de la vida "Después cogió una guía telefónica y dijo para sí: Rossi, que nombre más extraño. "
De "Sostiene Pereira". Por Antonio Tabucchi.
Lo que sigue ya muchos lo conocereis. Es la historia de un hombre, de un periodista, de un compromiso, el de Pereira con Montero Rossi, pero sobre todo el de Pereira consigo mismo, al irse reconociendo a través del jóven. Es una sencilla y magnífica historia que Tabucchi escribió en los noventa y yo conocí cuando se publicó en España en 1995. Días atrás he vuelto a releerla con el mismo placer que cuando fué noticia y, durante este período de recogimiento en el que me sumió el terremoto natural y espiritual de Haití, el candor,la bondad, la honestidad, la modestia y el profundo realismo de sus páginas ha seguido acompañando mis pensamientos sin saber muy bien por qué. Ahora, hoy, todavía en las trincheras del sentimiento, sé que tengo que hablaros de Pereira, lo sé freudianamente, para poder despedirme de él y seguir yo sola su estela.
Hace días que cualquier desarrollo ético, de pretensiones místicas, estéticas o metafísicas, o evacuaciones sentimentales que es más lo mío, por humildes que sean las pretensiones de éste blog, me parecen hueras "De lo que no se puede hablar, más vale callar", Wittgenstein dixit, eso es lo que siento: el mandato de permanecer callada ante tanta frivolidad. Y en su lugar, en el espacio desierto y desolado que antes ocupaban otras motivaciones inconscientes, este obstinado pensar en Pereira, como si quisiese que no se fuera de mi vida, que me dejara ir con él a la redacción, a preparar su revista cultural, quiero hacer las necrológicas que Monteiro Rossi no le manda, acompañarlo mientras se toma su omelette a las finas hierbas y la limonada, charlar tranquilamente con él, con el retrato de su mujer difunta y el Dr. Cardoso y el Padre Antonio: "Sostiene Pereira que el padre António se levantó y se puso delante de él, con una expresión que le pareció amenazadora. Escúchame, Pereira, el momento es grave y cada uno debe decidir por sí mismo, yo soy hombre de Iglesia y tengo que obedecer a la jerarquía, pero tú eres libre de tomar tus propias decisiones, aunque seas católico. Pues entonces explíquemelo todo,imploró Pereira, no estoy al corriente. El padre Antonio se sonó la nariz, cruzó las manos sobre el pecho y preguntó: ¿Conoces el problema del clero vasco? No, no lo conozco, admitió Pereira. Todo empezó con el clero vasco, dijo el padre Antonio, tras el bombardeo de Guernica el clero vasco, que está considerado como la gente más cristiana de España, se puso al lado de la república. El padre Antonio se sonó la nariz como si estuviera conmovido y continuó: En la primavera del año pasado, dos ilustres escritores católicos franceses, François Mauriac y Jacques Maritain, publicaron un manifiesto en favor de los vascos. ¡Mauriac!, exclamó Pereira, ya decía yo que había que preparar una necrológica anticipada para Mauriac, es una persona espléndida, pero Monteiro Rossi no fue capaz de escribirla. ¿quién es Monteiro Rossi?, preguntó el padre António. Es el ayudante al que contraté, respondió Pereira, pero no logra hacerme una necrológica de aquellos escritores católicos que han tomado una buena postura política. Pero ¿por qué quieres dedicarle una necrológica?, preguntó el padre Antonio, pobre Mauriac, déjalo en paz, todavía lo necesitamos, ¿por qué quieres que muera? Oh, no es eso lo que yo quiero, dijo Pereira, espero que dure hasta los cien años pero imaginémonos que desparezca en cualquier momento, por lo menos en Portugal habría un periódico que le dedicaría un homenaje inmediato, y ese periódico sería el Lisboa, pero perdóneme, padre António, continue. Bien, el problema se complicó con el Vaticano, que declaró que miles de religiosos españoles habían sido asesinados por los republicanos, que los católicos vascos eran "cristianos rojos"y que debían ser excomulgados, y así lo hizo, y a todo esto se añadió Claudel,el famoso Paul Claudel, también un escritor católico, que escribió una oda "Aux martyrs Espagonols" como prólogo en verso a un mefítico opúsculo de propaganda de una agente nacionalista de París. Claudel, dijo Pereira, ¿Paul Claudel? El padre António se sonó nuevamente la nariz. El mismo dijo, ¿como lo definirías, Pereira?. Así de pronto, no sabría, respondió Pereira, él también es católico, ha tomado una postura diferente, ha hecho su elección. Pero ¿cómo que de pronto no sabrías, Pereira?, exclamó el padre António, ese Claudel es un hijo de puta, eso es lo que es, y siento mucho decir estas palabras en un lugar sagrado, preferiría decírtelas en la calle. ¿Y después?, preguntó Pereira. Despué, continuó el padre António, después las altas jerarquías del clero español, con el arzobispo de Toledo, el cardena Gomá, a la cabeza, tomaron la decisión de mandar una carta abierta a todos los obispos del mundo ¿comprendes Pereira?, a los obispos de todo el mundo, como si los obispos de todo el mundo fueran unos fascistas como ellos, y dicen que miles de cristianos en España han tomado las armas bajo su propia responsabilidad para salvar los principios de la religión. Sí, dijo Prereira, pero los mártires españoles, los religiosos asesinados... El padre António permaneció unos instantes en silencio y luego dijo; quizá sean mártires, pero de todas formas era gente que conspiraba contra la república y, mira, la república además era constitucional, había sido votada por el pueblo, Franco dio un golpe de Estado, es un bandido. ¿Y Bernanos? preguntó Pereira ¿que tiene que ver Bernanos en todo ésto?, él también es un escritor católico. Él es el único que conoce España de verdad, dijo el padre António, desde el treinta y cuatro hasta el año pasado estuvo en España, ha escrito sobre las masacres franquistas, el Vaticano no puede soportarlo porque es un verdadero testigo. Sabe, padre António, dijo Pereira, he pensado en publicar en la página cultural del Lisboa uno o dos capítulos del Journal d'un curé de campagne, ¿que le parece la idea?Me parece una idea magnífica, respondió el padre António, pero no sé si te lo dejarán publicar, Bernanos no es muy querido en este país, no ha escrito cosas muy agradables sobre el batallón Viriato, el contingente militar portugués que ha ido a España a combatir junto a Franco, y ahora tendrás que disculparme, Pereira, pero tengo que marcharme al hospital, mis enfermos me esperan. Pereira se levantó y se despidió. Hasta pronto, padre António, dijo, perdóneme si le he hecho perder todo este tiempo, la próxima vez vendré a confesarme. No tienes ninguna necesidad, replicó el padre António, primero procura cometer algún pecado y luego ven, no me hagas perder el tiempo inutilmente."
Y quisiera haber sabido escribir una historia así,tan sencillamente bella, inventar esta fórmula "sostiene Pereira", y sobre todo quisiera sostener algo algún día ante un tribunal que no sea el de mi conciencia, los 130.000 desaparecidos españoles se merecen también la condolencia y la reparación porque eso ha sido también una catástrofe, aunque ésta sea "antinatural". Esdedesear.
Sostiene Pereira que al principio se puso a leer distraídamente el artículo, que no tenía título, después maquinalmente, volvió hacia atrás y copió un trozo. ¿Por qué lo hizo? Eso Pereira no está en condiciones de decirlo. Tal vez porque aquella revista de vanguardia católica le contrariaba, tal vez porque aquel día se sentía harto de vanguardias y de catolicismo, aunque él fuera profundamente católico, o tal vez porque en aquel momento, en aquel verano refulgente sobre Lisboa, con toda aquella mole que soportaba encima, detestaba la idea de la resurrección de la carne, pero el caso es que se puso a copia el artículo, quizá para poder tirar la revista a la papelera.
Sostiene que no lo copió todo, copió sólo algunas líneas, que son las siguientes y que puede aportar a la documentación: "La relación que caracteriza de una manera más profunda y general el sentido de nuestro ser es la que una la vida con la muerte, porque la limitación de nuestra existencia por la muerte es decisiva para la comprensión y valoración de la vida "Después cogió una guía telefónica y dijo para sí: Rossi, que nombre más extraño. "
De "Sostiene Pereira". Por Antonio Tabucchi.
Lo que sigue ya muchos lo conocereis. Es la historia de un hombre, de un periodista, de un compromiso, el de Pereira con Montero Rossi, pero sobre todo el de Pereira consigo mismo, al irse reconociendo a través del jóven. Es una sencilla y magnífica historia que Tabucchi escribió en los noventa y yo conocí cuando se publicó en España en 1995. Días atrás he vuelto a releerla con el mismo placer que cuando fué noticia y, durante este período de recogimiento en el que me sumió el terremoto natural y espiritual de Haití, el candor,la bondad, la honestidad, la modestia y el profundo realismo de sus páginas ha seguido acompañando mis pensamientos sin saber muy bien por qué. Ahora, hoy, todavía en las trincheras del sentimiento, sé que tengo que hablaros de Pereira, lo sé freudianamente, para poder despedirme de él y seguir yo sola su estela.
Hace días que cualquier desarrollo ético, de pretensiones místicas, estéticas o metafísicas, o evacuaciones sentimentales que es más lo mío, por humildes que sean las pretensiones de éste blog, me parecen hueras "De lo que no se puede hablar, más vale callar", Wittgenstein dixit, eso es lo que siento: el mandato de permanecer callada ante tanta frivolidad. Y en su lugar, en el espacio desierto y desolado que antes ocupaban otras motivaciones inconscientes, este obstinado pensar en Pereira, como si quisiese que no se fuera de mi vida, que me dejara ir con él a la redacción, a preparar su revista cultural, quiero hacer las necrológicas que Monteiro Rossi no le manda, acompañarlo mientras se toma su omelette a las finas hierbas y la limonada, charlar tranquilamente con él, con el retrato de su mujer difunta y el Dr. Cardoso y el Padre Antonio: "Sostiene Pereira que el padre António se levantó y se puso delante de él, con una expresión que le pareció amenazadora. Escúchame, Pereira, el momento es grave y cada uno debe decidir por sí mismo, yo soy hombre de Iglesia y tengo que obedecer a la jerarquía, pero tú eres libre de tomar tus propias decisiones, aunque seas católico. Pues entonces explíquemelo todo,imploró Pereira, no estoy al corriente. El padre Antonio se sonó la nariz, cruzó las manos sobre el pecho y preguntó: ¿Conoces el problema del clero vasco? No, no lo conozco, admitió Pereira. Todo empezó con el clero vasco, dijo el padre Antonio, tras el bombardeo de Guernica el clero vasco, que está considerado como la gente más cristiana de España, se puso al lado de la república. El padre Antonio se sonó la nariz como si estuviera conmovido y continuó: En la primavera del año pasado, dos ilustres escritores católicos franceses, François Mauriac y Jacques Maritain, publicaron un manifiesto en favor de los vascos. ¡Mauriac!, exclamó Pereira, ya decía yo que había que preparar una necrológica anticipada para Mauriac, es una persona espléndida, pero Monteiro Rossi no fue capaz de escribirla. ¿quién es Monteiro Rossi?, preguntó el padre António. Es el ayudante al que contraté, respondió Pereira, pero no logra hacerme una necrológica de aquellos escritores católicos que han tomado una buena postura política. Pero ¿por qué quieres dedicarle una necrológica?, preguntó el padre Antonio, pobre Mauriac, déjalo en paz, todavía lo necesitamos, ¿por qué quieres que muera? Oh, no es eso lo que yo quiero, dijo Pereira, espero que dure hasta los cien años pero imaginémonos que desparezca en cualquier momento, por lo menos en Portugal habría un periódico que le dedicaría un homenaje inmediato, y ese periódico sería el Lisboa, pero perdóneme, padre António, continue. Bien, el problema se complicó con el Vaticano, que declaró que miles de religiosos españoles habían sido asesinados por los republicanos, que los católicos vascos eran "cristianos rojos"y que debían ser excomulgados, y así lo hizo, y a todo esto se añadió Claudel,el famoso Paul Claudel, también un escritor católico, que escribió una oda "Aux martyrs Espagonols" como prólogo en verso a un mefítico opúsculo de propaganda de una agente nacionalista de París. Claudel, dijo Pereira, ¿Paul Claudel? El padre António se sonó nuevamente la nariz. El mismo dijo, ¿como lo definirías, Pereira?. Así de pronto, no sabría, respondió Pereira, él también es católico, ha tomado una postura diferente, ha hecho su elección. Pero ¿cómo que de pronto no sabrías, Pereira?, exclamó el padre António, ese Claudel es un hijo de puta, eso es lo que es, y siento mucho decir estas palabras en un lugar sagrado, preferiría decírtelas en la calle. ¿Y después?, preguntó Pereira. Despué, continuó el padre António, después las altas jerarquías del clero español, con el arzobispo de Toledo, el cardena Gomá, a la cabeza, tomaron la decisión de mandar una carta abierta a todos los obispos del mundo ¿comprendes Pereira?, a los obispos de todo el mundo, como si los obispos de todo el mundo fueran unos fascistas como ellos, y dicen que miles de cristianos en España han tomado las armas bajo su propia responsabilidad para salvar los principios de la religión. Sí, dijo Prereira, pero los mártires españoles, los religiosos asesinados... El padre António permaneció unos instantes en silencio y luego dijo; quizá sean mártires, pero de todas formas era gente que conspiraba contra la república y, mira, la república además era constitucional, había sido votada por el pueblo, Franco dio un golpe de Estado, es un bandido. ¿Y Bernanos? preguntó Pereira ¿que tiene que ver Bernanos en todo ésto?, él también es un escritor católico. Él es el único que conoce España de verdad, dijo el padre António, desde el treinta y cuatro hasta el año pasado estuvo en España, ha escrito sobre las masacres franquistas, el Vaticano no puede soportarlo porque es un verdadero testigo. Sabe, padre António, dijo Pereira, he pensado en publicar en la página cultural del Lisboa uno o dos capítulos del Journal d'un curé de campagne, ¿que le parece la idea?Me parece una idea magnífica, respondió el padre António, pero no sé si te lo dejarán publicar, Bernanos no es muy querido en este país, no ha escrito cosas muy agradables sobre el batallón Viriato, el contingente militar portugués que ha ido a España a combatir junto a Franco, y ahora tendrás que disculparme, Pereira, pero tengo que marcharme al hospital, mis enfermos me esperan. Pereira se levantó y se despidió. Hasta pronto, padre António, dijo, perdóneme si le he hecho perder todo este tiempo, la próxima vez vendré a confesarme. No tienes ninguna necesidad, replicó el padre António, primero procura cometer algún pecado y luego ven, no me hagas perder el tiempo inutilmente."
Y quisiera haber sabido escribir una historia así,tan sencillamente bella, inventar esta fórmula "sostiene Pereira", y sobre todo quisiera sostener algo algún día ante un tribunal que no sea el de mi conciencia, los 130.000 desaparecidos españoles se merecen también la condolencia y la reparación porque eso ha sido también una catástrofe, aunque ésta sea "antinatural". Esdedesear.
jueves, 14 de enero de 2010
La pesadilla de Haiti.
No debía aplazar más tiempo una analítica que me pidió mi cardiólogo. No poder desayunar en cuanto me levanto me pone de mal humor. Finalmente hoy fuí al concurrido laboratorio de mi sanidad pública. Hace un día de perros así que iba totalmente pertrechada para las inclemencias del tiempo: mis botas a juego con mi bolso marrón , mi buen trench para la lluvia, mi coqueto sombrerito, el imprescindible foulard, paraguas. Soporto la espera con un libro de Alice Munro, suelo llevar un novela en el bolso para estos ratos perdidos; en mi mesilla de noche tengo unos cuentos de Guy de Maupassant, y por el día alterno varios ensayos. Entramos cuatro para la extracción de sangre, descubrimos a la vez nuestros brazos sentados en cómodas butacas de piel mientras recibimos el dulce consuelo de la enfermera por el incómodo y desagradable pinchazo. No espero un minuto más y desayuno un humeante tazón de café con leche y un jugoso croissant en la cafetería del propio hospital. Conduzco mi coche que todavía conserva el calor del meneo al climatizador que le metí de mañana. El garaje estaba frío y la diferencia de temperatura con la buena calefacción de mi casa me destempla.
Las cafeterías ya están rebosantes a horas tempranas y da gusto contemplar el ajetreo de la ciudad. Un camión municipal me obliga a parar mientras lleva a cabo la maniobra de introducir tres colchones medianamente viejos que aguardaban perfectamente ordenados al lado de los tres contenedores de basura, orgánico, inorgánico y papel, lugar convenido con el ciudadano que dió el aviso de retirada en días anteriores. Continuo mi trayecto dejando a un lado los cantones, varios operarios con todos sus aperos están enfrascados en el mantenimiento diario de los jardines. Supero al tercer ingenio de limpieza de calles que me voy encontrando, éste se encarga de cepillar los bordillos. Enfilo la dársena, todo ante mi vista: barcos, gruas, contenedores, carretillas, edificaciones, mantiene un asombroso orden pese al afanoso trajín de carga y descarga portuaria. Farolas, letreros, semáforos, aceras, aparcamientos, servicios de alquiler de bicis, y un largo etcétera, estupendamente conservados y oportunamente dispuestos para el uso y disfrute.
Me detengo, gracias a mi gran sensibilidad, un día más, a observar el maravilloso espectáculo que ofrece un rojo haz de rayos de sol entre las algodonosas nubes y el espléndido reflejo en el mar. Ya sentada ante mi confortable mesa de despacho, ataco a mi computadora personal y saludo por el skype, antes de consultar el correo electrónico. No olvidar sacar entradas para el concierto en el servidor de internet y enviar un sms para reservar las del nuevo ciclo de cine. Y dedicarle un rato al blog mientras escucho con mis nuevos cascos el último podscats de "el fantasma de la ópera" en la radio nacional sin anuncios.
Es difícil, ironías aparte, no encontrar insultante mi vida al compararla con la de un habitante de Haití. No se me ocurre argumentación alguna para estas diferencias y además no creo que exista una justificación posible para los pobladores del llamado "primer mundo". Solo se me ocurre que lo único que puedo hacer es condolerme y ser feliz humildemente. Al menos no dar la lata. Esdedesear.
Las cafeterías ya están rebosantes a horas tempranas y da gusto contemplar el ajetreo de la ciudad. Un camión municipal me obliga a parar mientras lleva a cabo la maniobra de introducir tres colchones medianamente viejos que aguardaban perfectamente ordenados al lado de los tres contenedores de basura, orgánico, inorgánico y papel, lugar convenido con el ciudadano que dió el aviso de retirada en días anteriores. Continuo mi trayecto dejando a un lado los cantones, varios operarios con todos sus aperos están enfrascados en el mantenimiento diario de los jardines. Supero al tercer ingenio de limpieza de calles que me voy encontrando, éste se encarga de cepillar los bordillos. Enfilo la dársena, todo ante mi vista: barcos, gruas, contenedores, carretillas, edificaciones, mantiene un asombroso orden pese al afanoso trajín de carga y descarga portuaria. Farolas, letreros, semáforos, aceras, aparcamientos, servicios de alquiler de bicis, y un largo etcétera, estupendamente conservados y oportunamente dispuestos para el uso y disfrute.
Me detengo, gracias a mi gran sensibilidad, un día más, a observar el maravilloso espectáculo que ofrece un rojo haz de rayos de sol entre las algodonosas nubes y el espléndido reflejo en el mar. Ya sentada ante mi confortable mesa de despacho, ataco a mi computadora personal y saludo por el skype, antes de consultar el correo electrónico. No olvidar sacar entradas para el concierto en el servidor de internet y enviar un sms para reservar las del nuevo ciclo de cine. Y dedicarle un rato al blog mientras escucho con mis nuevos cascos el último podscats de "el fantasma de la ópera" en la radio nacional sin anuncios.
Es difícil, ironías aparte, no encontrar insultante mi vida al compararla con la de un habitante de Haití. No se me ocurre argumentación alguna para estas diferencias y además no creo que exista una justificación posible para los pobladores del llamado "primer mundo". Solo se me ocurre que lo único que puedo hacer es condolerme y ser feliz humildemente. Al menos no dar la lata. Esdedesear.
jueves, 7 de enero de 2010
Año nuevo, vuelo nuevo.

"Nosotros, los aeronautas del espíritu. Todos esos pájaros atrevidos que vuelan hacia espacios lejanos, llegará un momento en que no podrán ir más lejos y tendrán que posarse en un poste o en un pelado arrecife, considerándose felices con hallar ese miserable asilo. ¿Pero hemos de deducir de ahí que no queda delante de ellos un espacio libre y sin fin y que han volado todo lo lejos que se puede volar? Sin embargo, nuestros grandes iniciadores y nuestros precursores acabaron por detenerse... Lo mismo nos sucederá a ti y a mí. ¡Otros pájaros volarán más lejos! Este pensamiento, esta fe que nos anima, toma vuelo, rivaliza con ellos, vuela cada vez más lejos y más alto, se eleva derechamente por los aires encima de la impotencia de nuestras cabezas, y desde el azul ve en las lejanías del espacio bandadas de pájaros mucho más ligeros que nosotros, que se lanzaron en la dirección en que nos lanzamos y en que todo es mar, nada más que mar, mar y mar. ¿Donde queremos ir?¿Queremos atravesar el mar? ¿Adonde nos arrastra esa pasión potente que a toda otra pasión se sobrepone? ¿A qué desesperado vuelo hacia el punto en que hasta ahora todos los soles declinaron y se extinguieron? Se dirá algún día de nosotros que navegando siempre hacia el Oeste esperamos llegar a unas Indias desconocidas, pero que nuestro destino era naufragar en lo infinito... o bien, hermanos, se dira...
De "Aurora" Por F. Nietzsche
Tras de un amoroso lance
y no de esperanza falto
volé tan alto tan alto
que le di a la caça alcance.
Para que yo alcance diese
a aqueste lance divino
tanto volar me convino
que de vista me perdiese
y con todo en este trance
en el vuelo quedé falto
mas el amor fue tan alto
que le di a la caça alcance.
Cuanto más alto llegaba
de este lance tan subido
tanto más bajo y rendido
y abatido me hallaba
dije: "No habrá quien alcance".
Abatíme tanto tanto
que fui tan alto tan alto
que le di a la caça alcance.
Por una extraña manera
mil vuelos pasé de un vuelo
porque esperanza del cielo
tanto alcanza cuanto espera
esperé solo este lance
y en esperar no fui falto
pues fui tan alto tan alto,
que le di a la caça alcance.
De "Coplas a lo divino" por S. Juán de la Cruz
...soñar,despertar, sentir,
lo que es hermoso admirar;
tener firme la mirada,
la voz que robusta vibre,
andar solo, pero libre,
ponerte si ello te agrada
el sombrero de través,
por un sí o un no batirte,
hacer versos o aburrirte,
ser arrogante o cortés;
de la gloria y la fortuna,
sin cuidarte, trabajar,
si te place, en preparar,
lo absurdo...¡un viaje a la Luna!
De "Cyrano de Bergerac" por Edmond Rostand
Observo con harto placer que el 2010 se inicia para mí con las mismas ansias que el año anterior. Ansias de volar. Llegar tan lejos como pueda, !un viaje a la Luna!, aunque en la luna ya debo estar, pues hace tiempo que he adquirido la condición de lunática. A donde me arrastre tanta pasión "que a toda otra pasión se sobrepone", seguir sintiendo lo "que es hermoso admirar", y darle a la caça (o lo otro, que tanto me tiene) alcance, con la mirada firme en la huella de los que ya llegaron más lejos, porque "tanto alcanza cuanto espera" y esdedesear.
FELIZ 2010, AMIGOS.
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