De "El hombre sin atributos". Por Robert Musil
Creo que todos estaríamos dispuestos a firmar estas palabras de Musil, diríamos que son evidentes si consideramos el carácter como la manifestación de nuestra personalidad, el acopio de componentes que identifican nuestra "manera de ser", que nos individualizan, esa caja de herramientas con la que nos hemos pertrechado para salir al mundo. Ese carácter que sentimos como único, de una pieza, pero nos hace comportarnos de formas diferentes, incluso a veces opuestas o contradictorias. Así, sorprendentemente, un individuo de trayectoria profesional intachable se comporta como un energúmeno en un campo de futbol, conduciendo un coche, en casa, o en "la cama". Un devoto religioso decora su vida con toda clase de fastos cerrando filas frente a la vida miserable de sus congéneres, abogando por unos principios de clase que le permiten tranquilizar la conciencia. Por poner ejemplos manidos, pues sería largo desgranar las contradicciones, hay un "fuera, dentro", como en Barrio Sésamo, nacionalistas, ecologistas, socialistas, "intelectualistas", que traicionan sus principios ideológicos en cuanto cruzan cierto umbral.

"Pecadillos" extendidos son éstos antedichos, y otras inocentes conductas que varían dentro del imperativo del "a donde fueres, haz lo que vieres". Y así, no somos iguales según con quien, "en confianza" por ejemplo, "con los de casa", ante los que ostentan el poder, jefes, jefazos o jefecillos, cuando nos sentimos observados, en la intimidad, en un pais extranjero, en el divan... o en un blog. Son nuestras convenciones, "lo normá", su poquito de apariencia. Y sin embargo, inevitablemente, todo ello está firmemente amalgamado en esa "fantasía pasiva de espacios vacíos" que dirige nuestros pasos más de lo que podemos creer y que se percibe por los demás, silenciosamente, más de lo que cabe imaginar. Es nuestra afectividad, que se cuela y nos expresa como una sombra. Es esa "realidad subjuntiva" de la que ayer os hablaba. La que nos lleva a decir " maldita sea mi sombra", o " bendita sea mi sombra". Porque no es la suerte, no, desengañémonos. Que la sombra se me parezca aunque sea poco convencional, esdedesear.
4 comentarios:
bendita sea mi buena y mi mala sombra y mi apariencia, y mi realidad, y mi buen humor, y mi mala leche, y mis cabreos y mi paciencia infinita con unos y mi poco aguante con otros y mis días buenos y los malos, porque esa, toda ella, soy soy...
Conchita ¿he cogido el concepto?
besos, vas hacer de mí una filósofa
El 'carácter' es nuestra expresión externa, cambiante, falaz, moldeable. Pero nuestra personalidad se compone también del 'temperamento', el cual es invariable. La suma de ambos nos define fielmente, siempre que se expresen en conjunto. Y ésto no siempre es posible, bien porque no nos interese hacerlo (ambigüedad, hipocresía), bien porque el medio no lo permite (internet, blogs)
Salu2
Pilar creo que no te hago falta para que captes los conceptos. Siento que me gusta tu sombra y me parece que a ti te gusta la mía, la que se desprende de nuestro carácter "virtual", que Musil no pudo enumerar por causas lógicas de la no existencia de internet. Esa recreación solo se da en personas con "sentido de la posibilidad". "Recreación",siento que empiezo a barruntar algo sobre ello...
Un abrazo grande.
Barbe, yo diría que deben expresarse en conjunto y además ser coherentes el uno con el otro. Temperamento, qué palabra tan contundente y sustanciosa!
Sobre lo que permite el medio internet en cuanto a la autenticidad de lo "percibido" del Otro, me encantaría reflexionar en alto, pero es un tema que se me figura tremendamente complejo aunque apasionante. Tengo un sinfin de ideas sobre ello, por ahora todas caóticas.Un abrazo.
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