"La enseñanza de la filosofía tiene la misma enorme dificultad que tendría la enseñanza de la geografía si el estudiante trae consigo multitud de falsas y demasiado simplificadas nociones sobre el curso y situación de los ríos, montañas. Los hombres están profundamente envueltos en confusiones filosóficas, esto es, gramaticales."
De Filosofía (Big Typescript 1932), por Ludwig Wittgenstein
De antemano quiero reconocer que hablar de Wittgenstein me produce una mezcla de pudor, respeto y desasosiego rayano en la culpa. Casi un temor infantil. No es extraño, Wittgenstein se mueve en los límites de la trascendencia, desafiándolos en su empeño mismo de fijarlos. Ese espacio de los fundamentos al que los demás solo nos aproximamos de refilón, tarde, mal y arrastro. Por eso su Tractatus es para mi un nuevo "catecismo", y tiene, en mi madurez, la misma autoridad que en mi infancia religiosa tenía éste último. ¡Ah ja,ja! Otra manifestación más de que nos hallamos inmersos en esos "juegos de lenguaje", que conforman nuestro mundo y lo circunscriben. Mi mundo de consciencia atea no puede salirse ni explicarse superando sus orígenes lingüísticos católicos en sus percepciones inconscientes.
Como ocurre siempre con lo que nos enseñan los sabios, de la profundidad de su obra podemos extraer las conclusiones más sencillas y por cierto las más fructíferas. Wittgenstein me ayudó a comprender, entre mil cosas, que vale más la descripción que la explicación. "Aquí solo se puede describir y decir: así es la vida humana... La explicación, si se la compara con la impresión que nos produce la descripción, es demasiado precaria." Y en ese intento estoy, porque esdedesear.
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